jueves, 22 de noviembre de 2007

La imperfección de un león domado


Confeccioné mi ser
con esquirlas de tu discurrir intermitente.

Mi llegada no pasó inadvertida
Desvelé vuestros sueños
con mi rugir beligerante
restando sosiego a lo que pudo ser dicha.

Esgrimí mi empeño
para conquistar mis deseos.
Torturé al que quiso obviarlos
usando tretas pueriles
con que frenar mi furia perenne
para así obtener frugal alivio.
Me enseñastéis a correr con lobos
comulgué tu libertad, salvaje.
Aprendí a huir de la mediocridad
que viste al animal doméstico y civilizado.
Traté de ahuyentar convencionalismos
sustentados en engreída ordinariez.

No intesteis domarme,
si algún día frena el rugido
no os congratuléis
el león habrá muerto.