martes, 29 de enero de 2008

Entre bambalinas...

Lucía la oscuridad,
el humo acariciaba la garganta,
y mi vino fiel, teñía de púrpura los labios por él guarecidos.


La balada del hombre fúnebre,
y un estremecedor maullido de mujer
invadían de tristeza el escenario.

Candil de ánimas impúdicas, sois.
Luz en sus mundos habitados de tinieblas
Solaz para almas que huyen despavoridas de la ordinariez
Admiración de un público esperpéntico...

Lograstéis reunir a las grotescas mujeres al estilo Julio Torres,
a los hombres de barbas infinitas, fundidos en caricias irreparables
a las hembras livianas incontinentes de sus deseos marchitos
y a cuantos personajes insólitos, atinan en la barra de algún oscuro local.

Nosotros, aves palmípedas,
también tuvimos el honor
de asistir a tal excéntrica congregación
y descubrir aquellos secretos gestados entre bambalinas.

Aquella noche vi cumplido uno de mis sueños,
pude observar mi rostro reflejado en ese espejo.
Un espejo de artista, de tonos rosados, rodeado de bombillas.
El espejo que minutos antes contempló orgulloso
la cara insolente de la mujer que maullaba
y el rosotro consumido del hombre fúnebre.

miércoles, 23 de enero de 2008

La gallina ponedora

Ayer mientras mascaba flor de azahar, junto a la ventana, observé con mi catalejo a la niña del maillot fucsia y los calentadores turquesa. Como cada día, caminaba con destreza y aparentemente impasible, sobre el angosto bordillo de la jardinera. A sus espaldas cargaba una mochila de escarcha, en ella siempre guarda; un saquito de sagacidad, un tarrito de concentración, y una urna de cristal donde guarda a Petter Pan. Avanzaba despacio, con los brazos abiertos, en cruz, para evitar que la leve brisa desequilibrase su sutil figura.

El aire comenzó a agitar vigorosamente las ramas de los pinos, las piñas caían con ímpetu, reuniéndose con pinocha y antiguas compañeras. Oh! Ví a la niña trapecista tambalearse, pude sentir su temor, su rostro y sus gestos le delataban, quebrando su eterna apariencia imperturbable. Estos movimientos bruscos, despertaron a Petter Pan, que con furia comenzó a agitarse dentro de la urna. El orificio de salida cada vez estaba más próximo. Fue un momento decisivo, la niña del maillto fucsia y los calentadores turquesa tuvo que elegir... ¿Trató de evitar perder a Petter Pan?, (lo que supondría un riesgo añadido de perder el equilibrio y caer en el intento), o ¿Asumió la pérdida y continuó su camino de juegos malabares?.

Una década prodigiosa dará comienzo, en breves minutos, en tu transitar ferviente. Es un buen momento para ponerte el reloj en hora, y situarte en un hueco donde haya cobertura. Si los pequeños han de llegar, lo harán en los próximos 10 años.

Y en gallina ponedora te convertirás.

FELICIDADES!!.

viernes, 11 de enero de 2008

En mis manos, un hatillo de estrellas
que me guía a tí mi amor.

En bolsillo guardo el mapa de tus sueños,
evitar que no me pierda.

Vuelve el dulce titilar
que torna el acebo en palacio de cristal.

¿Acaso eres rey de un reino visceral?

domingo, 6 de enero de 2008

Un regalo para tí


Hoy es una mañana especial, los Reyes han llegado, pero no han venido solos, seres noctámbulos les acompañan. He recibido un paquete de ellos, un presente que yo hoy deseo compartir con vosotros, criaturas del museo de mis sueños. A todos aquellos que no destilaron la dosis exacta de bondad, caridad y compasión, que los mayores prescribieron, quiero regalar el contenido del sobre que, ahora mis trémulas manos, sostienen. Un cuento, sí un relato eterno, aparente, revestido de sórdida melodía. Su artífice, EL ORFEBRE DE LA PALABRA. Espero disfrutéis con su lectura.



EL JARDÍN ENCANTADO


El demonio, el demonio!, gritaron los niños, pero el príncipe no les oyó, y cuando quiso escapar ya era tarde. Él le agarraba fuertemente por su vientre y por su cuello, hincando sus afiladas uñas, y destilando su aliento a muerte y azufre. Le hizo mirar a sus ojos y al instante, le convirtió en piedra, para siempre.

Los niños corrieron divertidos a esconderse bajo las raíces de un gran árbol, fuera del jardín prohibido.


Y desde allí sus ojillos curiosos vieron regresar a la bestia de su cueva hedionda, mientras en el exterior, quedaba la estatua de piedra del príncipe rodeada del resto de estatuas petrificadas de los que, como él, osaran entrar desconfiados en el jardín del demonio.

¿Quién podrá poner fin a la bestia antes de que todos formen parte del jardín encantado?.

La luz se refleja sobre el pulido metal de una armadura, los niños miran de soslayo al caballero que, subido a su corcel negro, se acerca hasta la entrada del jardín.

El caballo resopla, inquieto, presiente el peligro. Animal y hombre avanzan por entre el bosque de estatuas hasta la boca de la cueva.

El demonio, el demonio!- gritan los niños de nuevo para avisar al habitante de la gruta. Y así se enfrentan demonio y caballero antes de arremeterse con furia uno contra el otro.

Suenan las metálicas piezas de la armadura doblegarse y caer, dejando desprotegido al caballero que enarbola su espada con rabia. El yelmo cae, y los ojos del demonio se iluminan de fuego. El viento se agita entre los árboles antes de que el silencio se adueñe del jardín, donde ya queda para la eternidad una nueva estatua de piedra.




viernes, 4 de enero de 2008

Un baño de azufre en brazos de Baco

Por encima de mi cabeza, caminas
Ni siquiera pronuncias tu nombre
y yo sucumbo a tu delirio
pues no considero tu pensamiento
mas que herramienta fortuita
heroína de mis sueños.

Acaso te has preguntado si deseo comulgar tu ser profuso, moral, incólume?
Yo no ansío tu perfección, tu verdad...
Sólo aspiro a vivir el ahora,
bendecir mi presente con mi dicha inatenta, mi ser impreciso


No deseo perfección, ni aspiro aceptación ajena
anhelo la inexperiencia
la incorrección, ser equívovo
lado opuesto a la razón,
como él, deseo recibir su potestad suprema,
la de un sabio forjado a duras penas,
sólo deseo burlar el vaticinio de la experiencia
actuar ante el infortunio

Que el errar maldito me subleve a su designio
deseo caminar a ciegas entre el mal y la tentación
No tengo vértigo,
Únicamente tu mente meticulosa temo
No hay razón que me convezca
No hay lecho donde yacer
ya nada me importa
Has desprestigiado mi certidumbre
Lo has borrado todo
Nada ya queda
Sólo azufre y tu aliento putefracto.

Palabras henchidas de hipocresía
danzan al son de tu ser inerte
Irreal, apoteósico, tu final será calvario
al encontrar que sólo de deseos inmediatos vive el hombre

Imagino mi cuerpo derrumbado en el jardín prohibido
Nadie me avisó de su peligro
Me bato en un duelo silencioso
nadie puede ampararme
aunque aclamo ansioso tu nombre
No me escuchas
No importa
mi sino me obliga a soportar tu cruz, su cruz
La derrota te libera
Vuelves a ver el sol
Tu sonrisa sarcástica torna a tu faz
Has vuelto
y contigo las miserias se tornan sirenas
que elevan su cántico a tu desolado mar.

Qué infierno te posee?
Deseo, la noche te deje en vela
será tu más dulce condena

desabrido sabor.