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En tu vientre de aguas enturbiadas por báquico aromanavego.En la maraña de tu pelo encrespado, rebelde, sublime... me pierdo.Haberado tu cuerpo, llana tu sonrisa,rugido feroz, aullido infinito.Dulce levedad la de tu vuelo libertario, que consume mi carencia de benigna compañíay colma de gloria y apoteosis mi ser malherido.
Al otro lado de la mesa, esperaba impacienteel antídoto que imaginaba calmaría su tempestad mental,la palabra oportuna.Pero quién aguarda a su frente?.Un rostro sonriente, gesto atento,don de escuha, privilegio de razón.Tras la puerta, goteo en la sien, alcolhol en la garganta, y el terciopelo que le brinda el humo de un sinfín de cigarrillos.Hatillo de chanzas, sutileza en su sarcasmo,rostro atroz, ingenio lamentable.Domingo, 22: 57. Eugenio pone la ropa del fin de semanaa lavar,del armario saca el traje y su corbata, colocándolos con desdén sobre la silla. Junto a ellos descansa la máscara de sonrisa comedida,libre de pasiones, exacta, precisa, infinita...lista para lucir una semana más, en un cielo de asfalto.