Al otro lado de la mesa,
esperaba impaciente
el antídoto que imaginaba
calmaría su tempestad mental,
la palabra oportuna.
Pero quién aguarda a su frente?.
Un rostro sonriente, gesto atento,
don de escuha, privilegio de razón.
Tras la puerta, goteo en la sien,
alcolhol en la garganta,
y el terciopelo que le brinda el humo de un sinfín de cigarrillos.
Hatillo de chanzas, sutileza en su sarcasmo,
rostro atroz, ingenio lamentable.
Domingo, 22: 57. Eugenio pone la ropa del fin de semana
a lavar,
del armario saca el traje y su corbata, colocándolos con desdén
sobre la silla. Junto a ellos descansa la máscara de sonrisa comedida,
libre de pasiones, exacta, precisa, infinita...
lista para lucir una semana más, en un cielo de asfalto.
domingo, 20 de abril de 2008
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