miércoles, 30 de abril de 2008

En tu vientre de aguas enturbiadas por báquico aroma
navego.

En la maraña de tu pelo encrespado, rebelde, sublime...
me pierdo.


Haberado tu cuerpo, llana tu sonrisa,
rugido feroz, aullido infinito.

Dulce levedad la de tu vuelo libertario,
que consume mi carencia de benigna compañía
y colma de gloria y apoteosis mi ser malherido.