sábado, 17 de octubre de 2009

Aquella mañana sintió un helor gélido que desde la garganta penetraba desconsiderado, en su pecho. Había llegado el frío, y con él, una inminente dósis, aunque ajustada, de aflicción, pereza y desidia, se instalaría en ella hasta el comienzo de la primavera.

Era el mes de noviembre, el momento de volver a la nostalgia, y apearse en los propios pensamientos, revisarlos, ordenarlos, dejarse embriagar por ellos...

Recordó la casa que un día fue escenario de su primera novela, y aunque había pasado mucho tiempo desde la última vez que escribió, en su memoria, cada taza de café continuaba en el mismo sitio, "Para Elisa" sonaba en el salón, el olor a madreselva se introducía sin compasión por los ventanales, y Carles fumaba un cigarrillo mientras pensaba en la mujer con la que compartía un tremendo secreto.

Sintió nostalgia por la paleta de pintor, el azul de sus cuadros, y el sonido de "Las olas" en su mente, pero no quiso volver...

Ahora estaban La señorita Olenska y Alicia. La cafetera volvió a calentarse. Había niños y nuevas canciones, un nuevo amor...






1 comentario:

Anónimo dijo...

el sonido de Las Olas en su mente. me encantó.
Orfebre