sábado, 29 de diciembre de 2012

Adiós



Aquella mañana de invierno se habían reunido para despedirme.
Desde el otro lado del pulcro cristal podía ver sus rostros. Por turnos y agrupados, se acercaban compungidos y tristes a mirarme.

Yo podía ver las lágrimas que recorrían sus mejillas,  sentir su calor, e incluso escuchar sus voces,
aunque ellos estaban convencidos de que ya no quedaba nada de mí dentro de aquel gélido cuerpo.

Ella también vino a regalarme el último adiós. Vi sus ojos y en ellos la luz. Una luz que al instante se convirtió en profunda oscuridad; una mano volcó la tapa, y me encerró para siempre en una brillante y pulida caja de madera.

Adiós.





domingo, 5 de febrero de 2012

flores raras

... fue entonces cuando comprendió que aquel jardín que, con tanto esmero había cuidado durante los últimos años, no era más que un terreno empantanado escondido bajo un denso manto de flores artificiales que, en realidad, ni desprendían olor, ni requerían de su mirada atenta.

Aquella mañana la mujer se desnudó frente a aquellas flores, que ahora le parecían verdaderamente raras, las contempló por última vez dirigiéndoles una mirada compasiva y cabalgó en su caballo hacia la bola de azufre, el lugar al que, hace mucho tiempo debería haber llegado.