Aquella mañana la mujer se desnudó frente a aquellas flores, que ahora le parecían verdaderamente raras, las contempló por última vez dirigiéndoles una mirada compasiva y cabalgó en su caballo hacia la bola de azufre, el lugar al que, hace mucho tiempo debería haber llegado.
domingo, 5 de febrero de 2012
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